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Ver a un líder de equipo como Nicolás Lapentti me llena de orgullo porque el relevo se dio a todo nivel y lo transmitido fue bien recibido. ¡Cómo extraño jugar la Copa Davis!
Sí, estamos de vuelta en el Grupo 1 de la Zona Americana de la Copa Davis. En esta especie de sube y baja que tienen todos los países en sus ámbitos deportivos, aparecen generaciones de tenistas que mantienen en la palestra a sus equipos constantemente. Por eso, otra vez tendremos oportunidad de intentar regresar, en el 2009, al Grupo Mundial al que acceden 16 países.
Por ello el reciente triunfo sobre Paraguay (3-2) en tierra guaraní trasciende no solo por el potencial tenístico de los rivales, sino por lo que representa para nosotros esa victoria. Muchas veces, y a pesar de no ser un país con grandes logros internacionales, a diario cerramos los ojos y pretendemos que por habernos superado minimizamos ciertos triunfos.
Pero no se tiene idea de lo difícil que es para un tenista, en el aspecto emocional, estar bajo el constante asedio de barras ubicadas a unos pocos metros de la cancha y sin ninguna valla que te proteja físicamente. Más allá de que en nuestro medio en el tenis nunca han existido actos de violencia, en otros se respira una seguridad que verbalmente alguien se encarga de recordarte que no existe.
Y en eso es igual en Sudamérica y en todo el mundo. Y por eso es que jugar la Copa Davis fue siempre lo que más me gustó del tenis y donde más disfruté. Eso que solo se siente en esos momentos, en que todos están a favor o todos en contra, cuando no se sabe qué presión es peor porque no es fácil jugar con el público de tu lado; cuando las cosas no salen te come la cabeza y la cancha se hace chiquitita. Por el contrario, cuando todo se da la pelota parece de básquet y no hay manera de errarla.
Algunos de mis mejores partidos fueron en Copa Davis. Pero pensándolo bien, algunos de los peores también.
¿Pero a quién le importaba jugar bien? Como se podía manejar esa adrenalina que te paraliza las piernas o te pone a un millón por hora, y ninguna de las dos situaciones era buena, había que poner cara de “no es conmigo” y seguir peleando con paciencia, buscando el momento clave para realizar la gran jugada que calla a la barra contraria y prende a la tuya y te permite enfilar a la victoria.
Ver a un líder de equipo como Nicolás Lapentti me llena de orgullo porque el relevo se dio a todo nivel y lo transmitido fue bien recibido, dándole el toque personal que debe tener. Además, lo que ahora él está enseñando a su vez va en beneficio de los que vienen atrás y puede compartir esas experiencias abiertamente, pensando que con el tiempo alguien podrá mejorar lo que ha hecho y otra vez el relevo se da.
Canadá será un rival durísimo y seguramente jugaremos en una superficie cubierta y muy rápida, pero este ecuatoriano ha acumulado experiencia y también entereza, luego de jugar muchas series.
Pero se necesita que sea un equipo completo y confiado, sereno y ambicioso, apoyado por todos, y desde todo nivel, pero especialmente aceptando el reto de lo que se viene y juntos enfrentarlo como lo que son: un equipo.
¡Cómo extraño jugar la Copa Davis!
Tomado de Eluniverso.com
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