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Cuando en 1999, un joven impetuoso ecuatoriano sorprendió al
mundo entero alcanzando las semifinales del Abierto Australiano, ubicándose en
aquella temporada en el puesto 6 del ranking ATP, incluso llegando a jugar el
masters de aquel año, muchos pensaron que aquel suceso, iba a
representar el gran salto que requería para convertirse muy pronto en el
jugador que por varias temporadas, se mantuviese en el jugador top ten que no
teníamos desde el adiós de Andrés Gómez.
Ese joven llamado Nicolás Lapentti,
lamentablemente por varias circunstancias, la mayoría por lesiones, no pudo
consolidar ese gran momento tenístico.
Como es lógico pensar, esa
situación generó varias críticas (muchas de ellas no especializadas, y la
mayoría sin sustento alguno), que desmerecían lo que Nicolás ha hecho desde
aquella ocasión hasta la actualidad.
Un ganador de 5 torneos ATP (Bogotá,
Indianápolis, Lyon, Kitzbuhel y St. Polten), a más de otros torneos
Challengers, no tiene hoy en día punto de comparación a nivel nacional, y es
aún uno de los pocos tenistas de esta parte del continente que aún se
mantienen en competencia.
Simplemente para comparar, Marcelo Ríos y Gustavo
Kuerten, ex números 1 en sus respectivos momentos, por lesiones crónicas
tuvieron que decir tempranamente adiós al tenis, cuando aún tenían edad para
continuar en el circuito. Tal vez, eso es lo que el común denominador de los
críticos no se dan cuenta.
Lo que ha hecho Nicolás a lo largo de estos últimos
10 años (solo por citar un lapso nada más), ha sido más allá de destacable.
Cuando muchos pensaban que la hora del retiro estaba tocando sus puertas, o lo
que es peor, que el tren de sus cualidades tenísticas ya estaba alejándose cada
vez más, aparece el 2008 en su horizonte con un despunte espectacular,
iniciando la temporada en el puesto 99, y en este momento, justo antes de jugar
segunda ronda en Roland Garros, en el ranking 63, y lo mejor de todo con
posibilidades claras y enormes de seguir ascendiendo conforme lo que se ha
visto en su nivel.
Un nivel ganador, de fortaleza física y mental, que hacen a
quienes conocen o ven más allá de lo que significa un court de tenis, mantener
una esperanza enorme en que este año Nicolás vuelva a ubicarse entre los
principales 50 ó quizás más allá del ranking a nivel mundial.
Indiscutiblemente un lujo que tenemos los ecuatorianos, el seguir contando (no
sabemos cuánto tiempo más), con un jugador que nos represente dignamente en el
circuito profesional.
Aparentemente un nuevo Nicolás, próximo a cumplir 32 años
demuestra a las claras, a quienes saben o no algo de tenis, que
indiscutiblemente la cédula no es un límite para demostrar la categoría que aún
tiene.
Hasta una nueva edicion...
Aurelio.
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