No cabe duda que una de las más grandes tenistas latinoamericanas de los últimos 20 años ha sido la argentina Gabriela Sabatini, deportista de larga trayectoria a nivel mundial. Medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988, campeona del US Open en 1990, número 3 del mundo y ganadora de 27 títulos en singles y 12 en dobles, hablan a las claras lo exitosa de su carrera deportiva.
Eso, a cualquier persona que tenga algo de conocimiento tenístico, no debería sorprender. Es más, por el contrario es digno de tenerlo siempre presente. Sin embargo, desde su retiro en 1996, el tenis latinoamericano ha visto cómo han pasado un sinnúmero de jugadoras procedentes de estas latitudes que no han llegado siquiera a estar en un top 10 del ranking WTA. Falta de material humano, indiscutiblemente no es porque existen actualmente una gran camada de jugadoras con buenas condiciones, pero que a pesar de aquello, no alcanza para ingresar a la élite del tenis mundial.
La pregunta salta a la vista: Qué es lo que falta entonces? Trabajo existe (al menos lo que conocemos de cerca en nuestro país), competencias también. Tal vez la respuesta vaya al apoyo que debe existir de la empresa privada hacia nuestras jugadoras. Al llegar a cierto nivel en su carrera, existe un vacío que se convierte en incertidumbre al no tener la oportunidad de actuar en otro tipo de torneos de mayor competitividad, precisamente en muchas ocasiones (casi todas) por no poseer los recursos económicos que conllevan participar en eventos de mayor jerarquía a nivel internacional. Y eso no solamente tienen que pasar las damas, sino también los varones quienes soportan penurias para obtener algún tipo de apoyo para ingresar a ciertos torneos de relativa importancia y con escasos puntos ATP. Claro que por algo se empieza, pero siempre se aspira a seguir ascendiendo tanto de nivel como en el ranking.
Las tenistas ecuatorianas, han optado en ciertos casos, al llegar a cierto ritmo de competencia, buscar becas en otros países (generalmente Estados Unidos) que les permita, además de continuar con sus estudios superiores, representar a estas unidades y/o academias en torneos locales o regionales. Podemos incluso citar algunos casos como el de Pamela Durán, tenista de gran calidad que en los últimos años desarrolló su tenis en Miami, disputando y ganando torneos tanto en la Florida, como en Centroamérica y el Caribe. Otro ejemplo que podemos referenciar es el de Estefanía Balda, quien asesorada por una empresa argentina que se dedicó a promover a figuras del deporte latinoamericano, en su momento optó por realizar su carrera por Asia, donde inteligentemente, al participar en torneos en estas latitudes, obtuvo puntos WTA que le permitieron ascender en el ranking mundial femenino. Sin embargo, aquello tampoco duró mucho ya que al igual que Durán, ambas optaron por dedicarse a seguir sus carreras universitarias en el exterior, beneficiándose de las becas por deporte, en este caso el tenis, que brindan dichas instituciones.
Hoy en día existen algunos nombres que poco a poco han ganado su espacio dentro del ámbito internacional. Figuras de la talla de María Lorena Avilés, Claudine Paulson, María Elise Casares, Alejandra Álvarez, Claudia Hidalgo, Doménica González, para citar unos cuantos ejemplos nada más, son quienes se han mantenido a lo largo de estos últimos cuatro años en la competencia intensa, iniciando sus carreras desde los torneos provinciales y nacionales hasta llegar a las giras COSAT, llegando incluso algunas de ellas a participar en torneos mundiales representando al Ecuador en sus respectivas categorías. Pero el trabajo no queda simplemente allí.
El seguimiento y constancia es de día a día y eso depende de muchos factores, entre ellos el apoyo a sus carreras. Y al decir apoyo, nos referimos no solamente al de sus familias, sino también de los patrocinios respectivos. En el camino se han quedado un sinnúmero de jugadoras que por A o B circunstancia han tenido que abandonar esta disciplina, causando de esta manera una pérdida para el tenis de nuestro país
En el resto del continente, existen jugadoras que ya han hecho desde hace algún tiempo su ingreso a los torneos WTA como la colombiana Fabiola Zuloaga y la argentina Paola Suárez para citar dos ejemplos. Lo ideal, sería que en esta parte del continente (entiéndase Ecuador), nazcan más tenistas de calidad, y que tengan el apoyo incondicional de la empresa privada.
No sólo de fútbol vive el hombre. Hay que darle su pequeño espacio al tenis y sobre todo a quienes vienen de abajo. Nombres se nos quedan en el tintero, porque hay gran cantidad de jugadoras que tienen condiciones y que en el futuro podrían estar por qué no, codeándose con otras grandes del tenis mundial. Que no le quepa la menor duda de que las damas también quieren su espacio.
Escrito por: Aurelio Sanchez
Periodista Deportivo de Television y Radio.
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